Estás comiendo y miras el móvil. Hablas con alguien y piensas en la siguiente tarea. Llegas a casa y no recuerdas el camino. Vivir con la cabeza en otro sitio se ha vuelto lo normal, y nos roba lo único que tenemos de verdad: este momento. Estar presente no es una habilidad mística; es un estado que puedes entrenar.
