Hay días en que la cabeza no para: pensamientos en bucle, listas mentales, preocupaciones que vuelven una y otra vez. Una mente acelerada cansa más que el trabajo físico, te roba el sueño y no te deja estar presente. No es que pienses demasiado: es que tu sistema está sobreactivado y nadie le ha enseñado a bajar el ritmo.
